En una apuesta por revalorar los relatos históricos desde una perspectiva crítica y con enfoque de género, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció la creación de mesas de debate sobre la figura de Malintzin —también conocida como La Malinche— como parte de un ambicioso programa que se desarrollará en el marco del Año de la Mujer Indígena.
Durante su conferencia matutina del 1 de agosto, Sheinbaum subrayó que es momento de dejar atrás la narrativa simplista que ha reducido a Malintzin a la figura de «la traidora», y abrir el espacio a una revisión más justa, compleja y humana. “Fue una mujer indígena culta, que dominaba varias lenguas, y que actuó en un contexto de violencia, invasión y subordinación. No podemos seguir juzgándola con categorías coloniales”, afirmó la mandataria.
Una revisión histórica necesaria
Por siglos, Malintzin ha sido un símbolo polémico en la historia de México. Como intérprete, consejera y mediadora entre Hernán Cortés y los pueblos indígenas del Anáhuac, su figura ha sido presentada frecuentemente como el epítome de la traición. Sin embargo, estudios recientes, muchos desde la historia feminista y la antropología, han comenzado a matizar esta lectura. Lejos de ser una traidora, Malintzin fue una mujer atrapada en un momento histórico convulso, sin autonomía plena sobre su destino.
Sheinbaum enfatizó la importancia de comprender que Malintzin no eligió su rol de manera libre. Fue entregada como botín de guerra, vendida como esclava y utilizada como herramienta política. No obstante, logró posicionarse como una figura clave en uno de los procesos históricos más trascendentales del continente, lo cual también habla de su inteligencia, capacidad de adaptación y conocimiento lingüístico.
Las mesas de debate y el programa cultural
El gobierno federal convocará a historiadores, lingüistas, antropólogos, escritoras indígenas y académicas feministas para organizar una serie de mesas de diálogo públicas y gratuitas, en distintos puntos del país, particularmente en comunidades indígenas y universidades. El objetivo: descolonizar la historia y repensar el papel de las mujeres indígenas en la conformación del México moderno.
Además, Sheinbaum adelantó un programa cultural especial que se extenderá a lo largo del Año de la Mujer Indígena. Este incluirá exposiciones museográficas, publicaciones editoriales, obras de teatro, ciclos de cine y conferencias magistrales enfocadas en visibilizar las voces, resistencias y contribuciones de las mujeres indígenas a lo largo de los siglos.
Un debate que toca el presente
La reivindicación de Malintzin no es sólo una cuestión del pasado. Habla también de cómo se construyen las identidades nacionales, de qué historias se privilegian y cuáles se silencian. Al abrir este debate, el gobierno de Sheinbaum se suma a una tendencia global que busca desmantelar los relatos coloniales y patriarcales que aún permean nuestras instituciones y narrativas colectivas.
En palabras de la presidenta: “No se trata de sustituir un juicio por otro, sino de comprender. Malintzin fue una mujer indígena que vivió en un tiempo de guerra, que hizo lo que pudo con lo que tuvo. El juicio debe ser con empatía histórica y con justicia de género.”
Con este anuncio, se abre una oportunidad valiosa para que México dialogue consigo mismo y reinterprete una de las figuras más complejas y simbólicas de su historia. Porque tal vez, comprender a Malintzin es también comprender las raíces profundas —y muchas veces negadas— de lo que somos.






