En su conferencia matutina de este lunes, la presidenta Claudia Sheinbaum desmintió categóricamente las versiones que circularon en medios y redes sociales acerca de presuntas operaciones con drones estadounidenses, particularmente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), en territorio mexicano.
La mandataria fue clara al señalar que cualquier operación de este tipo solo podría llevarse a cabo con una solicitud expresa y formal al gobierno de México, y que dicha autorización debe ser aprobada bajo los marcos legales nacionales.
«En nuestro país no hay drones de agencias extranjeras sobrevolando sin permiso. México tiene su propia estrategia de seguridad y cualquier colaboración internacional se realiza bajo coordinación directa de nuestras instituciones», afirmó Sheinbaum.
Una postura firme ante la injerencia extranjera
La presidenta aprovechó para reiterar que no se permitirá la entrada de fuerzas armadas extranjeras, salvo en casos muy específicos, bajo estricta coordinación y supervisión del Estado mexicano. Esta política, explicó, responde a la defensa de la soberanía y a la necesidad de mantener el control absoluto sobre las operaciones militares y de inteligencia en el país.
Este posicionamiento se alinea con la tradición diplomática mexicana de apego al principio de no intervención y a la resolución pacífica de controversias, plasmado desde la Doctrina Estrada en 1930.
Cooperación, sí, pero con reglas claras
Aunque Sheinbaum reconoció la importancia de la cooperación con Estados Unidos en temas de seguridad —especialmente en el combate al crimen organizado y el tráfico de drogas—, dejó en claro que cualquier trabajo conjunto debe seguir canales diplomáticos, acuerdos binacionales y protocolos transparentes.
En la última década, México ha participado en operaciones coordinadas con agencias estadounidenses bajo convenios de seguridad como la Iniciativa Mérida (ya sustituida por el Entendimiento Bicentenario), pero siempre con la condición de que las acciones se lleven a cabo con conocimiento y supervisión del gobierno federal.
Contexto histórico de la polémica
La sospecha sobre la operación de drones estadounidenses en México no es nueva. En 2011, el entonces presidente Felipe Calderón reconoció públicamente que aviones no tripulados de EE. UU. realizaban misiones de vigilancia contra el narcotráfico en territorio nacional, aunque afirmó que se hacían con autorización mexicana. Este hecho provocó críticas internas y abrió un debate sobre el grado de dependencia tecnológica en materia de inteligencia.
Desde entonces, distintos sectores políticos y sociales han exigido mayor transparencia sobre las condiciones bajo las cuales se permite la presencia de tecnología militar extranjera en México.
Implicaciones diplomáticas
Negar la presencia no autorizada de drones extranjeros no solo es una defensa de la soberanía, sino también un mensaje hacia Washington: México no aceptará operaciones unilaterales que comprometan su autonomía, aun cuando existan intereses comunes en materia de seguridad.
Este tipo de declaraciones, según analistas, buscan equilibrar la relación bilateral, enviando un recordatorio de que la cooperación debe ser de “igual a igual” y no una imposición.
Una línea política que se mantendrá
Con este pronunciamiento, Sheinbaum refuerza la imagen de un gobierno que mantendrá el control del espacio aéreo, de la inteligencia nacional y de las operaciones de seguridad, al tiempo que apuesta por una colaboración internacional regulada, formal y transparente.
La presidenta concluyó asegurando que, bajo su mandato, la política exterior y de seguridad nacional seguirá priorizando la autodeterminación, la protección del territorio y el respeto irrestricto a la soberanía mexicana.






