En su más reciente conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum abordó uno de los temas más delicados para la economía mexicana: las relaciones comerciales con Estados Unidos. La mandataria celebró la prórroga de 90 días acordada con el presidente Donald Trump, la cual evita —por ahora— un incremento de aranceles que habría afectado gravemente el comercio entre ambos países.
Sheinbaum reconoció que este acuerdo otorga un respiro a sectores clave de la economía mexicana, especialmente en un momento de incertidumbre internacional y presiones proteccionistas por parte de Washington. “Esto nos da tiempo para seguir negociando en mejores condiciones”, señaló, al tiempo que advirtió sobre la existencia de sectores opositores que —según ella— buscan que a México le vaya mal con tal de desgastar al gobierno. “Algunos están dispuestos a que se lastime a la población, con tal de sacar ventaja política”, expresó.
En el mismo marco, la presidenta mencionó el retiro de operaciones de Nissan en el estado de Morelos como una señal de alerta sobre cómo los vaivenes comerciales, la incertidumbre fiscal y las tensiones diplomáticas pueden afectar la inversión extranjera. Aunque no relacionó directamente la salida con la política arancelaria, sí subrayó que es una consecuencia indirecta del clima económico global.
Asimismo, hizo referencia al aumento inesperado de aranceles impuestos por Estados Unidos a Canadá, otro de sus principales socios comerciales. Esta decisión, que tomó por sorpresa a Ottawa, refuerza —según Sheinbaum— la necesidad de mantener una estrategia prudente y firme en las negociaciones con la Casa Blanca.
El anuncio de la prórroga es, sin duda, un alivio temporal, pero también un recordatorio de que la estabilidad comercial de México sigue sujeta a los vaivenes de una relación compleja con Estados Unidos. Sheinbaum apuesta por una diplomacia económica activa, aunque con firmeza nacionalista, en un escenario donde las decisiones unilaterales de Washington pueden cambiar las reglas del juego en cuestión de horas.
La narrativa del gobierno pone el acento en la defensa del interés nacional y en evitar que el conflicto arancelario se convierta en una herramienta de desgaste político interno. Sin embargo, el reto sigue siendo enorme: asegurar condiciones estables para el comercio y la inversión, mientras se enfrenta una oposición cada vez más crítica y un vecino del norte impredecible.






